Conoce por qué la psoriasis es una enfermedad crónica, así como los distintos factores que contribuyen a su cronicidad y que deben tenerse en cuenta en su manejo y tratamiento.

La psoriasis es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel que afecta a millones de personas en todo el mundo. Como dermatólogo especialista en esta patología, he podido comprobar de primera mano su impacto en la vida de los pacientes, quienes suelen llegar a la primera consulta bastante desesperanzados por la persistencia de los síntomas y la naturaleza impredecible de los brotes.

En este artículo quiero explicar algunos de los factores que contribuyen a su cronicidad, con el objetivo de ayudar a quienes la padecen a comprender mejor tanto su funcionamiento como su tratamiento, y a que se sientan más preparados para manejar la patología de manera efectiva en su día a día, sabiendo que, aunque la psoriasis es una enfermedad crónica, es posible mantener la sintomatología bajo control en la gran mayoría de casos.

Componente genético

La predisposición genética es uno de los factores más significativos en la cronicidad de la psoriasis. Diversos estudios han demostrado que la psoriasis tiende a presentarse en miembros de la misma familia, lo que sugiere un fuerte componente hereditario. Además, los investigadores hemos identificado varios genes asociados con la enfermedad, como los del complejo mayor de histocompatibilidad (MHC), que desempeñan un papel clave en la regulación del sistema inmunológico.

Estos genes no sólo influyen en la susceptibilidad a desarrollar psoriasis, sino también en la gravedad y el tipo de manifestaciones clínicas. Aunque no todas las personas con estos genes desarrollarán la enfermedad, su presencia aumenta considerablemente el riesgo, haciendo de la genética un pilar fundamental en la comprensión de por qué la psoriasis es una enfermedad crónica.

Naturaleza autoinmune

La psoriasis es una enfermedad autoinmune, lo que significa que el propio sistema inmunitario del cuerpo ataca por error las células sanas de la piel. En condiciones normales, el sistema inmune nos protege contra infecciones y otras patologías; sin embargo, en personas con psoriasis, un mal funcionamiento inmunológico provoca que las células T, un tipo de glóbulo blanco, ataquen a las células de la piel como si fueran invasores externos.

Este ataque erróneo desencadena una respuesta inflamatoria que acelera la producción de células cutáneas, llevando a la formación de las características placas rojas y escamosas. La naturaleza autoinmune de la psoriasis no sólo contribuye a su cronicidad, sino que también requiere de enfoques específicos de tratamiento que modulen o supriman esta respuesta inmune anómala sin comprometer la capacidad del organismo para combatir infecciones reales.

Carácter cíclico

La psoriasis se caracteriza por su naturaleza cíclica, lo que significa que la sintomatología aparece y desaparece en diferentes momentos. Durante los períodos de remisión, los síntomas se reducen significativamente o incluso desaparecen por completo. Sin embargo, estos períodos pueden ser seguidos por brotes en los que los síntomas vuelven a manifestarse.

Esta fluctuación entre fases de actividad y remisión es una parte intrínseca de la enfermedad y la imprevisibilidad de estos ciclos puede ser desafiante, pero entender esta característica ayuda a los pacientes y a los profesionales de la salud a adoptar estrategias de manejo más efectivas, que permitan mantener la psoriasis bajo control.

La psoriasis es una enfermedad crónica: ¿Qué factores la desencadenan?

Existen diversos factores desencadenantes que pueden influir en la aparición y exacerbación de los síntomas de la psoriasis. Entre estos factores, los ambientales son de los más relevantes. Por ejemplo, el clima frío y seco puede agravar la condición de la piel si no se trata adecuadamente, mientras que la exposición al sol, con moderación y protector solar, puede tener un efecto beneficioso para algunas personas con psoriasis.

El clima frío y seco puede empeorar la psoriasis.

Además de los factores ambientales, otros elementos como el estrés, las infecciones y ciertos medicamentos pueden desencadenar o empeorar los brotes de psoriasis. Concretamente, el estrés emocional es de los más importantes, ya que puede activar la respuesta inmunológica anómala que caracteriza a esta enfermedad. Igualmente, infecciones como la faringitis estreptocócica se han asociado con la aparición de ciertos tipos de psoriasis, como la psoriasis guttata, especialmente en niños.

Por otro lado, los cambios hormonales, como los que ocurren durante la pubertad, el embarazo o la menopausia, pueden influir en la actividad de la psoriasis. Asimismo, el llamado fenómeno de Koebner es otro factor relevante a tener en cuenta, el cual se caracteriza por la aparición de nuevas placas psoriásicas en zonas previamente sanas, tras haberse producido alguna lesión en la piel como cortes, rasguños o quemaduras.

Finalmente, mencionar que determinados hábitos relacionados con el estilo de vida, como son el consumo de alcohol y el tabaco también repercuten negativamente en la psoriasis.

Todos estos factores, de alguna manera, contribuyen a su cronicidad, por lo que comprenderlos resulta fundamental a la hora de convivir con la enfermedad y reducir la frecuencia y gravedad de los brotes.

Aunque no hay una cura definitiva, se puede controlar

A pesar de los avances en la investigación de la psoriasis, a día de hoy no existe una cura definitiva para esta enfermedad, de modo que los tratamientos disponibles se centran principalmente en controlar los síntomas. Entre ellos se encuentran medicamentos tópicos, tratamientos sistémicos y terapias avanzadas que actúan modulando el sistema inmunológico.

Aunque esta falta de cura permanente implica que la psoriasis requiera de un manejo constante a lo largo del tiempo, con un tratamiento adecuado y una buena gestión de los factores desencadenantes, la gran mayoría de los pacientes logran mantener la enfermedad bajo control, con períodos prolongados de remisión.

Los investigadores continuamos trabajando, con el objetivo de que en un futuro podamos ofrecer nuevas opciones de tratamiento, que nos permitan seguir mejorando en el manejo y control de la psoriasis.

¿Por qué es importante comprender el comportamiento de la psoriasis como enfermedad crónica?

A lo largo de este artículo hemos comprobado cómo la psoriasis es una enfermedad crónica influenciada por factores muy diversos. Comprender estos aspectos resulta de gran importancia, ya que no sólo permite a los dermatólogos y pacientes adoptar un enfoque proactivo en su manejo y tratamiento, sino que también puede marcar una gran diferencia en la calidad de vida de quienes la padecen.

Asimismo, como dermatólogo e investigador especialista en psoriasis, considero que la educación y el conocimiento acerca de esta patología son esenciales para que las personas puedan convivir con ella adecuadamente a corto y largo plazo.

Si este post te ha ayudado a entender por qué la psoriasis es una enfermedad crónica y lo que esto implica en su manejo, te animo a compartirlo con aquellas personas a las que pienses que les puede ser de utilidad.

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